jueves, 18 de junio de 2015

Fiona L.: El fin del mundo.

Fotografía: Mila81

El domingo pasado mi sobrina de dieciséis años, en cuanto me vio, antes incluso de saludarme, me espetó con semblante desolado:
-¡Qué asco de vida, tía!
Y yo, a tenor de la envidiable lozanía y modus vivendi que luce, le concedí unos magnánimos segundos de silencio, mientras contenía la risa, y le pregunté:
-¿Por?
Ella, ensimismada en su inconmensurable y poco comprendido problema, añadió con la resignación de quien no espera ya nada de la vida:
-Mañana tengo un examen del siglo XIX.
Respiré profundamente tratando de que la risa no me ahogara.
-¡Horrible! -le dije, con la mejor interpretación de la Dama de la Camelias que pude ofrecer- ¡Trágico! -rematé en un tono más lúgubre aún.
Pero ella, sumergida en aquel mundo tan cruel y despreciable que le estaba tocando vivir, casi ni reaccionó a mis ironías.
-Sí..  -acertó a medio recriminar mi sorna-. Pues que sepas que el exámen es de todo el siglo XIX. ¡Entero!
Y remarcó el entero con toda la fuerza de sus sílabas para que mi sarcástico cerebro acertara a comprenderlo. 
-¡Enterooo...! -insistió-. Y además... Además, ¡pasaron muchas cosas en ese siglo, tía! ¡Muchas!
Y dicho esto se giró cual torera, consciente de que el mundo, y en especial su tía, no comprenderían nunca su gran tragedia, y se marchó con sus cuatro folios, igual cinco, no voy a ser injusta, a sentarse en el sofá con su hermano y ponerse a ver la televisión.
La vida es terrible.


Justo esta mañana también, me he encontrado con una amiga que avanzaba hacia mí, sin verme, blandiendo su bolso cual espada laser de caballero Jedi. Porque la conozco, que si no, viendo su semblante, ni me atrevo a pararla. Pero como sé que su ferocidad es pura apariencia, la sorprendí, sin más, con un típico:
-¿Qué? ¿Mal día, no?
- El fin del mundo -me dijo.
Ya nos conocemos, así que tampoco era necesario perder el tiempo saludándonos. 
-Ahora le ha dado por ir a coger setas -añadió.
Hablaba, lo pillé enseguida, del buenazo de su marido, recién prejubilado y en fase de delantero estorbo o perrillo faldero "te sigo por toda la casa mientras tú trabajas".
-Mejor, ¿no? -arriesgué-. Así no lo tienes en casa rodando detrás tuyo todo el tiempo.
Intentaba apoyarme en argumentos.
-Eso creía yo -me dijo resignada-. "Eso, vete con los amigos al monte a coger setas o lo que sea, así me dejas respirar un rato". Ya le dije, pero...

-Pero... -recogí la frase que había dejado colgada en sus pensamientos.
-Las botas... 
Y se volvió a perder en sus elucubraciones, aunque alguna idea no muy agradable le sacó de las mismas, porque con ira contenida añadió:
  
-Ahora las dichosas botas de monte. Todas llenas de barro. Y, hala, viene, y ahí me las deja, en mitad del salón. Que no habrá otro sitio mejor, le dije yo. Y él: "mujer, siempre protestando". ¡Protestando yo! Pon la botas en el balcón, por lo menos. Y allí están, allí llevan una semana. A los tres días ya le dije: "¡Qué!, son modernas y se limpian solas, o el aire las va curtiendo, o cómo va eso... " "Se están secando", me dijo tan ufano. ¡Una semana! Ya le he dicho esta mañana, cuando me he vuelto a tropezar con ellas: "¿Y tú, cuánto tiempo consideras exactamente que tardan en secarse unas botas?"
¿Y qué me ha respondido?, dime, ¿qué crees que me ha respondido? ¡Que cómo soy!: "Mujer, cómo eres!". Eso me ha dicho.

El fin del mundo.

Y se marchó. Como mi sobrina. Continuó andando abandonada a las injusticias de la vida. Con el fin del mundo sobre su cabeza cual negra nube dispuesta a descargar un rayo sobre ella. En fin...

La verdad es que, para lo corta que es la vida, hay que ver la cantidad de fines del mundo que nos caben en ella. 
Yo tengo una colección.

Fotografía: maFerdeUgarte
Aunque pensándolo mejor, igual lo que nos falta es perspectiva. Perspectiva y humor. Porque visto lo visto, el propio paso del tiempo ya se encarga de ir demostrándonos que fines del mundo, en realidad, sólo tenemos uno.
Y lo mejor es que, de ése, cuando nos llegue, ni nos vamos a enterar. Así que... 
Cuidaros, chicas. 

Fiona L. 

Ah, y recordad, si la vida no os sonríe, sonreidle vosotras a ella. Que se chinche.

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