domingo, 10 de enero de 2016

Ella dice, nosotras decimos. Danielle Campoamor: "Estoy cansada de que mi cuerpo sea algo más que un cuerpo".


Estoy desnuda, mirándome en el espejo del baño.

Este cuerpo ha caminado miles de kilómetros, ha hecho snowboard en montañas y ha nadado en océanos. Ha sufrido daños, ha experimentado placer y ha llegado a no sentir nada más que la inconsciencia de una noche de sueño profundo (..) 
(…) Las venas, los órganos, los tejidos, los tendones y los huesos que me hacen ser lo que todo el mundo ve, que me hacen ser algo que es capaz de querer, aprender, enseñar y crear. Este cuerpo es mi herramienta para expresarme, tengo que cuidarlo (…)


Sin embargo, pocas son las veces en las que el cuerpo de una mujer se trata como un simple cuerpo. Pocas son las veces en las que el cuerpo de una mujer se ve como un instrumento tangible controlado por una persona, únicamente por una persona: la mujer que lleva dentro.

Para los políticos, mi cuerpo es sólo un posible voto. Debatirán sobre él, darán argumentos a favor o en contra y decidirán qué puedo y qué no puedo hacer con él. (…)
Para las empresas de publicidad, mi cuerpo es una herramienta de marketing (…) tiene que morirse de hambre, tiene que retocarse con Photoshop y tiene que utilizarse para decirle a otras mujeres que sus cuerpos no son lo suficientemente buenos o que necesitan un producto determinado. Se puede utilizar la sexualidad de mi cuerpo para vender zapatos y su atractivo puede vender hamburguesas, pero es inútil si no se puede utilizar para vender algo.


Los cuerpos de las mujeres se sexualizan, se reducen, se devalúan, se controlan, son atacados, son expuestos, son objeto de debate y se utilizan vengativamente para beneficio personal, político o religioso de otras personas.
Se han utilizado como símbolos del bien, del mal y de todo lo que no es ni bien ni mal. Se han utilizado con tanta retórica que la gente se olvida de que el cuerpo de una mujer es, principalmente y para siempre, un cuerpo humano.

Fotografía de Willy Ronis

Estoy desnuda, mirándome en el espejo del baño, y me siento enfadada, cansada y abrumada. Veo extremidades, piel y curvas. Veo un pecho, una marca de nacimiento y un rasguño justo por encima de la rodilla. No veo un voto, una distracción, una máquina, un templo o una herramienta de marketing.

Quiero que traten a mi cuerpo como lo que es: un cuerpo.

Quiero que el cuerpo de una mujer se vea como un cuerpo humano.


Artículo completo, traducido por Irene de Andrés Armenteros:

Danielle Campoamor es escritora, y vive en Seattle, Estados Unidos. Licenciada en la Western Washington University, publica en The Seattle Times, Hush Magazine, BuzzFeed Ideas, Thought Catalog, Medium, Elite Daily y otros medios. También es la Marketing Director y Social Media Manager de la página Hark.com. 
Escribe artículos sobre SEO, y me ha parecido entender que sobre todo lo que se le ponga por delante, y tareas asociadas.
@DCampoamor