domingo, 5 de abril de 2015

Ella dice, nosotras decimos. Esther Tusquets.

"Es una bonita voz grave, un poquito rasposa y sensual, traicionada por los vicios de su clase, una excitación falsa (...), y parece que la boca se le llene con una excesiva abundancia de vocales, que al atropellarse unas con otras desembocan muchas veces en un agudo final, y las frases tan "bien", casi siempre mal construidas, casi nunca completamente acabadas, plagado así el discurso de sobreentendidos y puntos suspensivos. Me pregunto de dónde procederá este hablar lento y atropellado, gracioso y torpe, incorrecto y distante, de las mujeres de mi clase. Quizá se deba a un cambio biológico, quizá se opera una sutil modificación en las cuerdas vocales situadas al extremo de una larga serie de mujeres correctamente alimentadas -como se consiguen también unas manos como las de mi madre al final de una serie interminable de mujeres con las manos ociosas-, o quizás en el pasado una mujer extremadamente snob, deliciosamente chic, algo dada  lo cursi o con un leve defecto de dicción, impuso esta moda dentro de un grupo y la moda se perpetuó luego a lo largo de las edades, quizá nos manden sólo para esto -o también para esto-, para que aprendamos este justo tono, ese castellano adulterado y terrible de las mujeres bien de mi ciudad, al Sagrado Corazón o a Jesús María. Sólo que esto -como tantísimas otras cosas-, yo no lo aprendí, y me pregunto algunas veces por qué nunca habré hablado así, por qué no he tenido jamás, ni siquiera de pequeña, los rasgos distintivos de la tribu, por qué habré flotado siempre en esta incómoda tierra de nadie. Y me amiga lo intuye en ocasiones, porque entonces su voz vacila, se detiene, se balance inquieta en la cúspide de una frase, como si no supiera exactamente a quién o a dónde se dirige, y después la frase se inserta en otra distinta y a menudo contradictoria, o languidece malamente o muere en los recurrentes y salvadores puntos suspensivos. Pero es tan sólo una intuición fugaz y desagradable, la aprensión -y la sienten todos ellos- de que, contra tantas evidencias, puedo no ser de los suyos...".

Fragmento de El mismo mar de todos los veranos, reproducido por Pilar García Moutón en su libro "Cómo hablan las mujeres", Arco/Libros, 1999.




Esther Tusquets en 2010, fotografía de Consuelo Bautista