No tengo talento, lo que hago lo hago sólo con mucho trabajo. Marie Blanchard.
Paula Rego. Joven con un feto, 2005. Marlborough Fine Art, Londres
Comencé a dibujar a los cinco años. Cuando dibujas puedes hacer lo que quieras, castigar a los buenos, premiar a los malos... La venganza es tuya, dijo el lápiz.Paula Rego.
Cristina García Rodero. El Paje de la Cruz, Albarrán, Murcia, 1993
CEART Fuenlabrada
Naia Del Castillo. Seducción, 2002
Isabel Quintanilla. Mar, 1980
El cuerpo es nuestro denominado común y el encuentro de nuestros placeres y nuestras penas. Con él, quiero expresar quiénes somos, cómo vivimos y cómo morimos.Kiki Smith.
Exposición “Gorputz eta arima. XX. eta XXI. mendeetako
emakume artistak. En cuerpo y alma. Mujeres artistas de los siglos XX y XXI.”
Hasta el 27 de
septiembre de 2015 en la Sala Kubo-Kutxa (Edificio Kursaal), Donostia/San Sebastián.
Hoy unos seres humanos han grabado en video, con máxima pulcritud y eficiencia, cómo torturaban a otros seres humanos.
Las víctimas han perecido bajo el mismo absurdo de la existencia que sus ejecutores. Ninguno de los bandos ha disfrutado durante su vida de nada que se pueda parecer a una excusa de la felicidad. Ninguna de las infinitas que somos capaces de inventar-disfrutar los que por azar hemos caído en alguna otra cara del prisma del absurdo.
Galdós
escribió una novela que dibujaba, con sutileza, el proceso de amor y desamor
hacia una misma persona. Sin apoyarse en una trama atrayente, trufada de
trampas cruciales, pintó sólo un amor normal. Ese que te hace fijarte en una
persona y, a partir de ahí, adornarla con los sueños que la vida te ha ido
almacenando. Con tus propios sueños. Pero no somos buenos guionistas. Así que,
a veces, el pulso de la narración decae, el embeleso se transforma en
cotidianeidad, la rutina en extrañeza, ¿alguna vez pudimos amarnos?, y ya no
sabemos continuar la historia.
En
la playa de los felices, de los que no tienen necesidad de pensar sobre el
sentido de la existencia, una pareja discute por algo banal y, al poco de
llegar, acaban por marcharse. Al mismo tiempo, en la oscuridad del dolor, un
hombre corta la cabeza de otro para que el mundo entero comprenda su
incomprensible mensaje.
No
sabemos nada. Nos lo inventamos todo y poco a poco vamos creando con nuestras
mentiras surcos en la memoria que cada vez más profundos, más marcados, nos van
guiando por su único camino. Ya no podemos pensar fuera de ellos.
Surcos
de amor y odio sobre la tierra de nuestro cerebro. Un órgano más, de una forma
de vida más, dentro de un planeta más, de un universo… del que hasta
desconocemos si tiene a su vez otro más que perseguir.
Y al final, la gran pregunta es: ¿Para qué? ¿Cuál es el
propósito de la vida? ¿Por qué somos conscientes de ella? ¿Se nos otorgará
algún día el placer de comprenderlo? O seguiremos naciendo y muriendo, cual
hermosas margaritas. Anclados a nuestros particulares y recónditos surcos de
emociones e ideas. Intentando dotarles de ese necesario argumento, cargado de
verosimilitud, que nos permita creer que la vida es por y para algo.
Fotografía de Luis Sellier, finales de los 70, comienzo de los 80, del s. XIX.
Colección de la RAG
No, no es la solución tirarse bajo un tren como la Ana de Tolstoy ni apurar el arsénico de Madame Bovary ni aguardar en los páramos de Ávila la visita del ángel con venablo antes de liarse el manto a la cabeza y comenzar a actuar. Ni concluir las leyes geométricas, contando las vigas de la celda de castigo como lo hizo Sor Juana. No es la solución escribir, mientras llegan las visitas, en la sala de estar de la familia Austen ni encerrarse en el ático de alguna residencia de la Nueva Inglaterra y soñar, con la Biblia de los Dickinson, debajo de una almohada de soltera. Debe haber otro modo que no se llame Safo ni Mesalina ni María Egipciaca ni Magdalena ni Clemencia Isaura. Otro modo de ser humano y libre. Otro modo de ser.
De las dos disciplinas
que hizo, cuál considera es más fuerte en usted ¿la de ser profesora o
filóloga?
Yo no me considero nada en especial. Soy una persona muy
estudiosa y estudio de todo, me gustan las humanidades. Me definiría más como
humanista que dentro de una disciplina en especial. Ahora, el lenguaje me
interesa mucho desde el punto de vista de que es una manifestación de la
cultura y, como tal, lleva implícitos algunos de los valores y antivalores de
la cultura. En ese sentido, como filóloga se me facilita el estudio del
lenguaje.
Volviendo al tema de la
condición de la mujer, usted le ha dado seguimiento a esta temática desde antes
de los años ochenta. ¿Cómo ha avanzado Costa Rica al respecto, si ha
avanzado?
Sí ha avanzado, lo que pasa es que hay una cosa… se consiguen
ciertas conquistas sociales, no sólo las mujeres sino cualquiera de los grupos
oprimidos, pero la ideología fundamental sigue siendo la misma, es
patriarcal. La sociedad vive ideológicamente de manera patriarcal y usted lo
puede ver en los anuncios, estaba viendo un día de estos un anuncio de la
colonia para ‘’hombre-hombre’’, eso es ideológico, eso sigue vigente (...) Yo creo que el patriarcado es acomodaticio y de algún modo busca
los nichos para seguir sobreviviendo, por eso la lucha es permanente, no
podemos dar nada por hecho. Cualquier progreso social, con cualquier grupo
oprimido de cualquier naturaleza, tiene una vuelta atrás.
Entonces el patriarcado para usted se ha acomodado a las
condiciones durante estos años.
(…) Cuando yo fui a la Escuela Normal y estudiábamos a
Juan Jacobo Rousseau como el gran educador, yo nunca me di cuenta -en ese
momento- porque las lecturas eran de segunda mano, pero cuando me metí a leer
el Emilio, digo yo ¿Pero qué es esto? ¿Cómo se acepta como un gran educador a
un hombre que tiene una visión de las mujeres de purísima servidumbre? Lo mismo
Kant, Hegel, Nietzsche, Schopenhauer… Y eso es Filosofía que se le
considera el discurso maestro y sigue ahí (...)
Y los cambios que usted mencionaba antes, ¿se reflejan en sus
escritos? ¿En lo que usted reflejaba antes y ahora?
(…) Creo que siempre ando buscando por dónde falta, pero sí ha
habido cambios. Tengo dos hijas que no viven su juventud como la viví yo y no
tienen las limitaciones que me impusieron a mí. Nadie se mete con su vida
sexual y privada, cosa que nos pasaba cuando yo era joven. Ya no tenemos que
firmarnos ‘‘de’’, éramos posesión ‘‘de’’ el hombre con que nos casábamos. Claro
que ha habido progresos, a principios del siglo XX las mujeres no entraban así
como así a las universidades, en el siglo XIX se empezaron a poner reglamentos
en las universidades que impedían a las mujeres entrar, antes no había
reglamento porque el supuesto era que ninguna iba a entrar (…)
Yadira Calvo y su marido, Faustino Chamorro, en 2013
Antes usted mencionaba
que esto se ve reflejado en toda la cultura y mencionaba el lenguaje. ¿Cómo se
ve reflejado en el lenguaje?
Un simple vistazo al diccionario de la Real Academia, ya nos da
una idea. Se define masculino como excelencia, valor y coraje y femenino como
debilidad y hasta vicio. Luego, lo más grave, porque el léxico puede
cambiar aunque los académicos se nieguen a que cambie, pero el léxico puede
cambiar y la lengua va cambiando con el tiempo (...)
Lo más difícil de cambiar es la sintaxis, porque la sintaxis es
el esqueleto del idioma y la norma manda que el masculino sea un término no
marcado, es decir, que engloba a hombres y mujeres. Eso es una
sobrerepresentación, es decir, los hombres están sobrerepresentados en el
idioma y eso implica que las mujeres estemos subrepresentadas. Es decir
‘‘los profesores, los docentes, el hombre’’, “ser humano” atenúa un poco, pero
todas esas formas masculinas nos invisibilizan bastante a las mujeres. Y eso se
refleja en la concordancia ¿qué es esto? Que cuando dos elementos, por ejemplo
sustantivos, son uno masculino y el otro femenino, se les aplica un
determinante específico, que usualmente es un adjetivo, ese determinante tiene
que ir en masculino. Por ejemplo decimos, él y ella están casados, no
decimos están casados. Esa preponderancia del masculino reviste bastante
gravedad respecto a las mujeres, porque estamos siempre ocultas detrás del
masculino.
¿Y hasta qué punto el lenguaje inclusivo, esto de usar arrobas y
equis ayuda?
Es que eso no es lenguaje inclusivo, ahí hay un error grave. El
lenguaje inclusivo no es usar, ellos y ellas, muchachas y muchachos, y poner
arrobas. Eso es una búsqueda, que es muy válida como toda búsqueda de equidad,
para atenuar el sexismo que tiene el idioma, pero es la forma equivocada. Hay
que conocer un poco más el idioma para hacerlo de forma adecuada, no para
eliminarlo porque eso está en la gramática, pero hay vocablos comunes:
oficinista, poeta, periodista… son palabras que sólo podemos determinar si es
hombre o mujer por el artículo que le pongamos. También podemos usar abstractos
cuando se presta, en vez de niños decir niñez, no siempre se presta (...)
Se pueden usar abstractos, comunes, nombres colectivos, en vez
de decir los pobladores de Guadalupe, sino la comunidad de Guadalupe, y no porque
comunidad sea femenino, es colectivo. Tiene marca de femenino pero implica
hombres y mujeres clarísimamente. O podemos usar palabras epicenas, como
víctima, o personaje, que aplican a hombres y a mujeres. Ese tipo de vocablos.
De todas maneras, escribir cuesta y requiere un esfuerzo mental,
eso va a requerir más esfuerzo mental, como la gente no quiere hacer esfuerzo
mental y tal vez le faltan las herramientas necesarias para ponerlo en
práctica, pues recurren a ‘’los las’’ y al arroba, pero eso no es lenguaje
inclusivo.
Ilustración para un trabajo de Christina Schramm sobre Yadira Calvo
Mucho de las historias
de nuestra identidad y del folclor costarricense tienen unfuertevalor machista.
¿Cómo podemos hacer que estas historias no tengan un componente patriarcal sin
perder nuestra identidad?
Yo creo que eso está ahí y eso no se puede cambiar, es como
cambiar el mito. El montón de mitos que se reflejaron luego en el cristianismo
que nacen de un dios y una humana. Eso está en toda la mitología occidental, al
menos hasta donde conozco. Eso no se puede cambiar, lo que creo que se puede
hacer es leer con otros ojos toda la historia y pensar porqué está ahí, porqué
es así. Por ejemplo, el esfuerzo que están haciendo ahora por lo que llaman
historia de mentalidades, que ya no es la historia de lo que hizo fulanito,
sino como vivía la gente en ese momento, el pueblo, la gente de a pie.
Ese cambio es grande y esa historia de mentalidades permite ver lo que hacían
las mujeres y valorarlo. Eso lo está haciendo Iván Molina y creo que hay varias
personas están trabajando ese tipo de historia en Costa Rica.
Luego, está lo que hacen las feministas en muchos sitios,
revisando las historias particulares de cada disciplina. La historia de la
música, la literatura, la poesía… y al revisar esa realidad salen a la luz
nombres que habían quedado cubiertos bajo una visión patriarcal. Ahora han
salido mujeres músicas que ni se sabía que existían. O la hermana de
Mendhelsson, creo que fue Mendhelsson, que escribía música pero no se la
publicaban por ser mujer entonces él le hacía el favor de publicarla con su
nombre, pero se perdió su nombre. O Thomas Mann, que parece que usó los diarios
de su esposa para escribir algunas de sus obras. Eso lo están sacando a la luz
muchas mujeres e implica darle una mirada diferente a la historia.
¿Y cuál es el mayor reto
hoy para usted como escritora?
No lo sé… Yo creo en la literatura comprometida. Creo que tengo
el compromiso de escribir sobre aquellos aspectos de la sociedad que me parecen
endebles, lucha contra cualquier tipo de discurso que sea excluyente y creo que
eso no implica sólo a las mujeres y al feminismo, implica a la ecología, a la
visión racista de la sociedad, la visión clasista, la visión eurocentrista…
Esas visiones que son desde un punto de vista del dominador y que
implican dominación, hay que buscar el modo de eludirlas y de que se acaben, y
esa es mi lucha.
"Lenguaje inclusivo no es usar, ellos y ellas, muchachas y muchachos y poner arrobas." David Ching entrevista a Yadira Calvo en la Revista Literofilia (septiembre 2014)
“¿Dónde
está el punto de partida? ¿En mis madres (quiero decir mi padre y mi madre), en
mi hija, en esta ciudad? ¿Naces y cuántas de las cartas ya están echadas? En
otro siglo, pude haber sido esclava. En otro país, tendría trabajo. En otra
calle, en otro cuerpo, en otra década. Y así es como “yo” no existe y de un
modo impreciso pero cierto los griegos tenían razón. Escrito en las estrellas
significa escrito en geografías y fecha: ¿cuánto no ha sido decidió ya? Dirás
que no te importa: incluso si es una milésima de una milésima, ese margen de
libertad te constituye. Me dices que por eso escribo, como si palabra a palabra
esa milésima pudiera quedar grabada, un testimonio para los que vendrán. No estoy
segura, no sé siquiera si existe esa milésima o si el primer golpe azaroso que
puso cada partícula a rodar selló la suerte. Lo que sé es que no importa
demasiado. Vivimos en un compás de dos tiempos entre los real y lo posible que
queremos hace rea, respiramos así. ¿Lo imposible? Lo imposible es una provincia
de lo posible, la más remota, pero existe y a veces se alcanza.
Dibujo de Rg1024 (dominio público)
Entonces
puede que todo empezara con la primera partícula, o con mis tatarabuelos, o con
algo que me pasó a los dos años, una niña me dio la mano y nos atrevimos a
rebasar el punto del parque donde nuestras madres dejaban de estar a la vista.
Seguimos andando, al poco encontramos unos zuecos de madera, perdidos, viejos:
basura para alguien pero un tesoro completo, irrebatible, para nosotras dos y
cómo corrimos empuñando cada una un zueco en una mano, sin soltarnos la otra,
para llevar a nuestras madres el tesoro, la prueba de la hazaña, el valor de la
aventura”.
“La historia que creo que no se puede contar trata de
que ésta no iba a ser nuestra vida, pero espera: no me refiero a la crisis ni a
a volver a casa de mis padres. Me refiero a que no sé quién soy y eso, eso tal
vez hasta puede que me lo haya enseñando la crisis. ¿Quién me escribe, qué
sería esto que me escribe? Digo esto, que en teoría no vale para las personas,
porque lo único que había antes era precisamente esto, unos cuantos genes. Si
vamos quitando capas quedarán sólo genes y cromosomas. Lo demás nos lo hicieron,
aunque parece que nos lo hicimos, la verdad es que nos lo hicieron, y a veces
pienso que a lo mejor sí se puede contar pero que en realidad nadie quiere
contarlo. Contar que no son los genes los que nos escriben, ni la carne y la
sangre, es lo que nos hicieron. Lo que nos hacen. Dirás: Vaya argumento,
el típico que se usa para escaquearse. Pero no es cierto. Echarle la culpa a
los genes o echársela a lo que nos hicieron es, al fin y al cabo, lo mismo. Y
yo no echo la culpa a ninguno de los dos porque no me importa la culpa sino las
consecuencias. Lo que quiero decir es que sólo hay horizonte. Que no se trata
de retroceder para ir buscando qué pasaría si hubiera encontrado un buen
trabajo, o si me hubiera tocado explotar en vez de que me explotaran. En la
espalda de los corsarios, leí en un poema, arde el asilo…”
“Interpreta
también: dicen esos dos versos que sales a la aventura porque no puedes volver.
Digo que no tenemos regreso, si mañana todo desapareciera y volviese a empezar,
no nos encontraría desnudos y desnudas, sin daño, nuevos. Nos encontraría como
lo que hemos sido: con eso tendríamos que bregar hacia delante. Imaginemos, pues,
otro hacia delante, allí la amabilidad será común y corriente. Vayamos hacia él
o vendrá un tiempo sin mañana. Entonces, no sólo en la espalda brillante del
corsario, también en su pecho, se reflejaría el incendio, arderá el asilo.”
Belén Gopegui. "El comité de la noche". Penguin Random House Mondadori.