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sábado, 28 de enero de 2017

Sobre la figura de Carmen Díez de Rivera


Tuve una grata sorpresa, hace pocas semanas, cuando la entrada que inauguró este blog, sobre Carmen Díez de Rivera, apareció como la más leída en la columna de la derecha.

Reconozco que tardé un poco en caer en la cuenta que las más de 700  lecturas coincidía con la emisión en TV de una serie acerca de la relación que mantuvieron sus padres biológicos.

No he visto la serie,  en parte por falta de tiempo, en parte por los avances con que la anunciaban; a mi parecer, no auguraban un mínimo de rigurosidad histórica, centrándose en una trama romántica. Así que no sé hasta qué punto se ha adentrado en la figura de Carmen Díez de Rivera y en el modo en que la relación entre sus padres biológicos afectó a su vida.

En esa entrada primera, evité hablar de su dolor más fuerte: el descubrimiento, siendo poco más que adolescente, de una verdad que la rompería en un momento muy temprano de la vida, y que la marcó hasta su final.

Ni el París que conoció y contrastaba con los derechos, libertades y progreso de nuestro país. Ni las misiones de Africa, donde creyó que sería fácil morir.

Tampoco quise reproducir fotografías que han fijado para siempre su extraordinaria belleza, como la de Juan Gyenes.

Preferí  poner en primer plano un libro que ella amadrinó, que la recoge fielmente, y el testimonio para el "Proyecto Historia Oral de la Comisión Europea" que nos descubre a una Carmen casi inédita: la diputada que trabajó seria e intensamente en el Parlamento europeo.

Creo, como muchos y muchas, que la figura de Carmen Díez de Rivera no está debidamente reconocida y puesta en su sitio en el nacimiento de nuestra democracia. Que se le escamotea su peso, sus contribuciones y sus aciertos.

No puede quedar de ningún modo como una figura decorativa; en esa primera entrada del blog, era casi una declaración de intenciones, de lo hecho y de lo que queda por hacer.

Siempre pero especialmente ahora, cuando cualquier sujeto de dudosa catadura, sentado sobre millones de billetes y el poder, se permite pensar que es irresistible y que conoce los deseos de cualquier mujer, e interviene nuestros derechos.

Espero que el tema de esa entrada, leída por tantas personas a las que movió la curiosidad y el deseo de saber, les haya abierto a otra Carmen, fruto exclusivamente de ella misma.



"Historia de Carmen. Memorias de Carmen Díez de Rivera". Ana Romero. Planeta.

Artículo de Ana Romero:

sábado, 7 de marzo de 2015

Ella dice, nosotras decimos. Carmen Díez de Rivera.



"Hay pocas vidas coherentes; hay muchas vidas aburridas, eso sí. Pero la coherencia de la vida de cada uno es un cielo constante de luces que tiemblan o restallan, de noches claras o negras, de días encapotados o de lluvia, de tormentas, siembras y cosechas. De simas y abismos. De decisiones a veces feroces y traumáticas. De sufrimientos ajenos o propios, de errores de calendario, de pasiones o de oquedades. Qué sé yo. YO, eso. YO. Los demás me llamáis TÚ o ELLA. De pequeña, Carmencita. Eso, Carmencita".


Historia de Carmen. Memorias de Carmen Díez de Rivera. Ana Romero. Planeta.





“Recuerdo que desde muy temprano en el colegio cuando en sexto de Bachillerato me preguntaban: ¿Tú qué quieres ser? Yo decía: "Yo quiero ser libre" Necesitaba libertad. Recuerdo que en mi primer viaje a Paris visité el Quartier Latin y veía a la gente que era como yo quería ser o quería vivir. Yo recuerdo que me senté en una acera y me eché a llorar porque parecía mentira que a una hora y veinte de avión el mundo era libre y sin embargo aquí en España todavía teníamos una sociedad muy rígida y la mujer no tenía un papel”.