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sábado, 19 de noviembre de 2016

Simón Weil, la fuerte vulnerabilidad. Francisca García Algarra.


“Esa vulnerabilidad de las cosas valiosas es hermosa porque la vulnerabilidad es una marca de existencia”. Simón Weil.

Albert Camus dijo de ella:
“Desde Marx (…) el pensamiento político y social no había producido en Occidente nada más penetrante ni profético”.
La figura de Simone Weil emerge de su filosofía tanto como desde su activismo social, sindical y político, pero, sobre todo, de su concepción plenamente coherente entre su vida y su pensamiento.
Se alistó en las Brigadas Internacionales durante la guerra civil española, fue voluntaria y combatiente anarquista en el frente de Aragón bajo las órdenes de Durruti.
Más idealista que pragmática, se sintió profundamente decepcionada al comprobar que también en su bando se cometían barbaridades.
Su carácter era firme y a la vez contradictorio, siempre en busca de la Verdad como pensadora y comprometida con la acción en su vertiente revolucionaria.
Le obsesionaba la desigualdad social, el sufrimiento de los demás antes que el suyo propio.

Trascendió íntimamente su condición de mujer desde su complejo universo filosófico, ontológico y político, preocupada por la libertad y la dominación de clase, así como sensible con el dolor y la belleza.
Su teodicea y misticismo la condujeron a vivencias “sobrenaturales”.


Pensaba de y desde la acción, su actitud no fue meramente contemplativa.
Su vida breve transcurrió en sociedades patriarcales, las mismas que existen hasta ahora mismo, y en esos ámbitos las mujeres filósofas eran ninguneadas y descalificadas.
Aún hoy parece que la brillante capacidad intelectual y el mundo del pensamiento es cosa de hombres; sin embargo, sensibilidad y pensamiento han de ir unidos para alcanzar lo sublime.
Weil dejó una obra abundante que Camus publicó en su mayor parte, quizá de otra manera no hubiese llegado hasta nosotros, pues en su tiempo no despertaba gran interés.


La filosofía weiliana va más allá del heroísmo y el sacrificio, mucho más allá de su fuerte apariencia de fragilidad.
Caminó profusos mapas espirituales y mentales, dejando la huella de la genialidad de un ser tocado por lo profundo fértil.

Murió a los 34 años, en plena consonancia con sus ideas hasta el final.
Enferma de tuberculosis, no quiso ser tratada con medicamentos que no estuvieran al alcance de los más desfavorecidos.

Murió o se dejó morir, tras una intensa y corta vida donde la ubicuidad de su idealismo la acompañó hasta su último instante vulnerable.


Enlace al artículo de Francisca García Algarra publicado en "Diario 16" con fecha 16/11/2016:
"Simon Weil, la fuerte vulnerabilidad"
© Francisca García Algarra

domingo, 17 de abril de 2016

Ella dice, nosotras decimos: Francisca García Algarra.

Fotografía de Magela Gracia

"La ausencia de realismo que en esta sociedad, y en otras, se da sobre la relación cuerpo y edad, arrastra a la mujer hacia unas contradicciones caóticas a través de unos mandatos sociales extremadamente locos (...)

No existe expectativa ajena a la que complacer si traspasa los límites de nuestra salud física y mental, o de nuestros deseos (...)
.
Para cambiar hay que pensar, y para confiar en lo que pensamos, es necesario llevarlo a la práctica en un binomio ensayo-error, absolutamente imprescindible.

(…) Decidir que tan real y tan grande es nuestra racionalidad como nuestra emotividad.
Y somos dueñas exclusivas de ambas.
Eso, por sí solo, es ya un planteamiento revolucionario."



"Se nos exige negarnos y culpabilizarnos a nosotras mismas por un hecho tan natural y enriquecedor como es el paso del tiempo.

Nuestra apariencia ha de ser siempre joven, perfecta y, eso sí, avergonzada por no disimularlo más y mejor.

Hemos de ser gráciles primaveras irreales y algo mentirosas, no tomarnos en serio a nosotras mismas y permitir que tampoco lo hagan los demás.

Nosotras tenemos que caber en la misma talla prácticamente a los veinte, treinta y cincuenta años."


                               Imagen: Corbis


"La mayor parte de las empresas ignoran, de forma nada inocente, que nuestros cuerpos cambian con los años y se reparten de distinta manera.

Somos naturaleza y esos cambios son intrínsecos a la vida, están bien y forman parte de nuestra evolución.

Las pasarelas de moda envían desequilibrados mensajes, explícitos e implícitos, vistiendo la anorexia y la bulimia; enfermedades que hunden sus raíces en mitificar un yo ideal despreciando la realidad.

Algo así como una invitación a torturarse para no aceptar que somos seres de carne y hueso, y declarar una sumisión total hacia la búsqueda de aprobación ajena."


Isabelle Caro protagonizó una campaña contra la anorexia en Francia, donde las modelos que desfilan deben aportar documentos que certifiquen que no sufren esta enfermedad (Fotografía: O. Toscani)


Desde un punto de vista económico, es obvio que una producción de tallas más acordes con gran parte de la población, aumentaría exponencialmente los beneficios de este negocio.
¿Cuál es entonces el críptico motivo para que no las fabriquen en serie?
Desgraciadamente, la razón es que no sólo se dedican a vender ropa, sino que,  incluso por encima de sus pingües ganancias, venden ideología.


Imagen: Christian Schloe


No aceptar el propio cuerpo, reprime y coarta la vida afectivo-sexual.
La estrategia de la represión siempre pasa por la no aceptación (...) y por crear un policía interno que te recuerde constantemente lo poco  que vales.
De la baja autoestima a la falta de asertividad, no existe más que un paso.

(...) Las personas poco asertivas no luchan ni guerrean (...), su sentido crítico lo dirigen sin piedad hacia ellas mismas (...)
Así se fabrica la culpabilidad.
Son cómodas de manipular y cosificar para los sistemas políticos que las crean.
Màs tarde, resulta predecible el ser tratadas y asesinadas como objetos.


Transgredir y desobedecer semejantes tiranías en las que somos infelices, es la consigna.
Superar clichés, modas, exigencias y órdenes, como condición no negociable para alcanzar una justicia igualitaria.

Dueñas de lo que hacemos con nuestros cuerpos y de cómo determinamos cubrirlos, abrigarlos o adornarlos."


Enlace al artículo completo de Francisca García Algarra en +diario16 :
http://diario16.com/moda-misogina-para-siervas/

martes, 15 de diciembre de 2015

"Poder y paradoja". Francisca García Algarra.




"Luchar contra la realidad es un fatal error de estrategia, y una confrontación perdida de antemano.

La realidad hemos de hacerla nuestra aliada, por más que en ocasiones no nos guste, la única manera de transformarla es conociéndola con los menores puntos ciegos posibles. Hay que caminar sobre lo real y su intrínseca entropía, como se hace sobre el dolor y el caos, para atravesarlos y dejarlos atrás."

"Los seres humanos podemos planificar el futuro sin estar en él, crear el cambio en nuestra vida a partir de hipótesis y de voluntad. Esta facultad tiene como puente al pensamiento para modificar las emociones con las que, finalmente, actuamos.

En esa búsqueda del ser en continuo cambio, se hace imprescindible la necesaria introspección, contemplativamente activa, para deshojar las corazas que tejemos sin saberlo, y fluir adaptativamente (no sumisamente)."




“En definitiva, coger con fuerza las riendas de la propia vida es condición de posibilidad para acercarnos a la vida que deseamos.
Eso es en potencia la esperanza y, sea cual sea la meta, no se puede vivir sin ella.
Pues, irremediablemente, la verdad siempre está a medio camino entre dos paradojas.” 

Fragmentos del artículo publicado en "Diario 16" con fecha 04/12/2015:
http://diario16.com/poder-y-paradoja/
© Francisca García Algarra



domingo, 3 de mayo de 2015

Los seres sucesivos. "Transmutación". Por Francisca García Algarra.


"Yo es otro"
Rimbaud


Transmutación

Sucesivamente, los crisoles del devenir tiemblan. 
Cambiamos sin darnos cuenta, para no ser nunca más lo que fuimos e ir configurando aquello que seremos, aún sin serlo.
Cada célula y cada dendrita nos reconoce en su breve cadencia antes de morir, ocasionando bellas sinapsis de las que emergen nuevos mapas, “imposibles” hasta entonces.
       La vida, en proporciones moleculares o a la vista de nuestros ojos, no cesa en su movimiento.
Según Heráclito “el Oscuro”, cuyo principio natural de la vida era el arjé (el fuego, en cuanto cambio constante), nadie puede bañarse dos veces en el mismo río; sin embargo, el cauce representaría la forma estable que dirige la corriente del agua.

       Qué nos queda del ayer en el mañana.
Tal vez lo que nunca fuimos ni seremos, sólo aquel potente impulso ensimismado que nuestra mente se contaba en sus constantes diálogos internos.
       El pasado no existe salvo para contemplarlo y aprender a prever ilusorias distopías.

Cambiar supone esperanzarse, creer en el fluir de la vida y confiar en uno mismo.
Todo ello equivale a un proceso desmitificador  y antideterminista que pretende acabar con la esclavitud tirana de los ídolos introyectados a los que se cede el poder personal y nuestra capacidad cierta de autoapoyo.
Lo estático contiene la propiedad de ser rígido y el peligro de quebrarse, por tanto, en el ámbito del pensamiento, es una devastadora tendencia a mitificar indiscriminadamente, negadora del cambio.

       Lo opuesto a la fluyente transformación es alienarse, desposeerse del sí-mismo.

La interpretación que, a lo largo de la historia de la humanidad, se le ha otorgado al concepto de alienación, es interesada y a veces paradójica.
Durante la Edad Media, el cristianismo la definió como posesión diabólica. Es decir, estar “poseído” por algo sobrenatural, fuera de todo razonamiento e improbable, significaba en muchos casos la tortura hasta la muerte.
El poder de la Iglesia era tan demoledor y cínico que no admitía más posesión que la de su propia creencia, pero no la de otras magias sectaristas.
Por el contrario, llegada la época renacentista, estar alienado se interpretaba como privación y extrañamiento de uno mismo, así como la abolición de la libertad.

       En cualquier momento histórico, la extrema alienación del yo, en su desesperado deseo de no sufrir, asume creencias o mandatos externos a través del irresponsable mecanismo mitificador, que significa la muerte del pensamiento.

       Por consiguiente, la privación de la conciencia es, en definitiva, el radical opuesto al cambio.

Y a través de todo lo dicho antes, desaparece la voluntad, muriendo con ella la esperanza, en ese lugar íntimo y doliente donde claudica el poder personal.

       Para cambiar es necesario convertir al pensamiento en afluente de la propia existencia, e imprescindible asumir el riesgo de no ser otro ni ser más allá de lo que somos:
       Un principio de realidad mecido en una noche de estrellas.

©  Francisca García Algarra textos bajo el epígrafe “Los seres sucesivos” y epígrafe. Todos los derechos reservados.

Nos gustaría que participáseis 
en esta sección especulativa y crítica, 
debatiendo con la autora
vuestros puntos de vista.
¡Os esperamos!

sábado, 11 de abril de 2015

Ella dice, nosotras decimos. Francisca García Algarra.


Cráneo errante que a todos los espejos hablas de ti. Cruzas sin nombre nocturnos océanos preguntando por tu cuerpo. No hay verdad más dulce que la de olvidar. Tinieblas sin mañana o un racimo apretado de días que el mar aleja transparente hacia otras playas. Por ello con dulzura desembocas, dormitas sobre galernas, sin sueños, sin peso que te aflija. Qué será de ti. Sin ti. Ingrávido te acercas a las piedras mojadas, salinas; a las sombras de otros cuerpos desnudos como tú, y a través de sus grietas buscas esperanza. Más tarde, el leve crepuscular de tu mirada ha entregado ya su alma sin vida a cuánta arena, cincelando bajo el agua tu verdadera soledad. Tu aliento que no existe es un círculo, una estrella, el espacio que ocuparían tus manos si existieran. Y aunque quieres decir no, tu incierto cuello no te sigue, porque tu voz es ahora un atajo nevado e imperdurable donde antes remota y libre brilló la sangre.



"En las templadas orillas de los cuerpos, de cada cuerpo, tienen su morada los deseos.
Es un espacio invisible y luminoso, donde se despierta de un sueño; donde el propio sueño es el único camino para llegar hasta él (...) 
Sueñan la verdad que más tarde no recuerdan.
La vida entera agotarán después buscándola (...)
Somos el cuerpo que pensamos, y el que sin pensar, en la ráfaga de un instante dejamos de ser.
La única guarida que nos cobija, el único abandono que podemos evitar.
El tiempo procede de un cuerpo, y en él se agota.
Allí, donde el corazón tiembla, llora y ríe; fin y principio de su provisionalidad" (de la contraportada de "Bahía de un cuerpo", de Francisca García Algarra, 2004).