domingo, 26 de junio de 2016

Bótox y comunicación no verbal. Alicia Martos.



"Las inyecciones de toxina botulínica (bótox) en los músculos faciales suavizan las líneas de expresión y hacen que el aspecto de la piel parezca la consecuencia de una parálisis. 
Es evidente que este efecto produce una gran dificultad para expresar las emociones en el rostro inyectado. 
Los analistas, de hecho, nos fijamos en las arrugas de la cara para asociar acciones musculares desencadenantes, y así, las emociones. En estos casos nos es casi imposible dictaminar lo que siente la persona con certeza (...)"

"(...) una reciente investigación por parte de los científicos de SISSA pone de manifiesto (...) [que] también socava la capacidad de entender las expresiones faciales de otras personas. Esta  secuela se produce por un bloqueo temporal de la retroalimentación propioceptiva, un proceso que nos ayuda a comprender las emociones de los demás mediante su reproducción en nuestro propio cuerpo. “La parálisis, afortunadamente temporal, de los músculos faciales que provoca esta toxina afecta a nuestra capacidad para captar el significado de las expresiones faciales de otras personas, nos perdemos información emocional“, explica Jenny Baumeister, una de las investigadoras de SISSA.

Y es que, por ejemplo, cuando observamos una sonrisa nuestra cara también tiende a sonreír (a menudo de una manera imperceptible y automática) para tratar de dar sentido a esa expresión que estamos captando. Sin embargo, si nuestros músculos faciales están paralizados por el bótox, entonces el proceso de comprensión de la expresión de la emoción de otra persona puede llegar a ser más difícil.
"(...) cuando la sonrisa es amplia y abierta, los sujetos eran todavía capaces de reconocerla, incluso con el tratamiento”, explica Francesco Foroni, el coordinador del experimento. “Para los estímulos muy intensos, aunque hubo una tendencia a tener peores resultados, la diferencia no fue significativa. Pero para las emociones ‘dudosas’,con estímulos más difíciles de identificar, el efecto de la parálisis era muy fuerte.”
El hallazgo confirma la hipótesis de que, en cierta medida, los procesos emocionales experimentados ‘en nuestra propia piel’ nos ayudan a entender los sentimientos de los demás. También sugiere que la influencia negativa del bótox puede manifestarse precisamente en aquellas situaciones en las que esta ayuda podría resultar más útil. Por ejemplo, pensad en una conversación normal entre dos personas, donde la comprensión mutua es vital para asegurar la interacción social adecuada: el fracaso de captar los matices emocionales o cambios repentinos en el estado de ánimo de la otra persona puede provocar la diferencia entre el éxito de la comunicación y la interrupción directa de la relación entre ambas."

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Alicia Martos (@aliciamartosCNV) es psicóloga y directora del Master en Comportamiento No Verbal de la Fundación Behavior & Law y analista de Comunicación no verbal.

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