domingo, 5 de febrero de 2017

Rosa, rosae. Artemisia Gentileschi.



La mujer que dibuja Helena Celdrán en su artículo en +20minutos.es  me llamó la atención por su coraje, inteligencia y obstinación.

Amiga de Galileo Galilei, alentada por Crisofano Allori, Artemisia encontró en su padre, el también pintor Orazio Gentileschi, a su mejor y leal valedor, y admirador incondicional.

Fue la primera mujer en entrar por la puerta de la Academia de las Artes y el Diseño de Florencia como estudiante.

El Museo di Roma expone "la más completa exposición" de su pintura, que puede visitarse hasta el 7 de mayo.

"Susana y los viejos" (1610), el cuadro que encabeza esta entrada, dicen que lo pintó con 17 años.


Artículo Helena Celdrán:

sábado, 28 de enero de 2017

Sobre la figura de Carmen Díez de Rivera


Tuve una grata sorpresa, hace pocas semanas, cuando la entrada que inauguró este blog, sobre Carmen Díez de Rivera, apareció como la más leída en la columna de la derecha.

Reconozco que tardé un poco en caer en la cuenta que las más de 700  lecturas coincidía con la emisión en TV de una serie acerca de la relación que mantuvieron sus padres biológicos.

No he visto la serie,  en parte por falta de tiempo, en parte por los avances con que la anunciaban; a mi parecer, no auguraban un mínimo de rigurosidad histórica, centrándose en una trama romántica. Así que no sé hasta qué punto se ha adentrado en la figura de Carmen Díez de Rivera y en el modo en que la relación entre sus padres biológicos afectó a su vida.

En esa entrada primera, evité hablar de su dolor más fuerte: el descubrimiento, siendo poco más que adolescente, de una verdad que la rompería en un momento muy temprano de la vida, y que la marcó hasta su final.

Ni el París que conoció y contrastaba con los derechos, libertades y progreso de nuestro país. Ni las misiones de Africa, donde creyó que sería fácil morir.

Tampoco quise reproducir fotografías que han fijado para siempre su extraordinaria belleza, como la de Juan Gyenes.

Preferí  poner en primer plano un libro que ella amadrinó, que la recoge fielmente, y el testimonio para el "Proyecto Historia Oral de la Comisión Europea" que nos descubre a una Carmen casi inédita: la diputada que trabajó seria e intensamente en el Parlamento europeo.

Creo, como muchos y muchas, que la figura de Carmen Díez de Rivera no está debidamente reconocida y puesta en su sitio en el nacimiento de nuestra democracia. Que se le escamotea su peso, sus contribuciones y sus aciertos.

No puede quedar de ningún modo como una figura decorativa; en esa primera entrada del blog, era casi una declaración de intenciones, de lo hecho y de lo que queda por hacer.

Siempre pero especialmente ahora, cuando cualquier sujeto de dudosa catadura, sentado sobre millones de billetes y el poder, se permite pensar que es irresistible y que conoce los deseos de cualquier mujer, e interviene nuestros derechos.

Espero que el tema de esa entrada, leída por tantas personas a las que movió la curiosidad y el deseo de saber, les haya abierto a otra Carmen, fruto exclusivamente de ella misma.



"Historia de Carmen. Memorias de Carmen Díez de Rivera". Ana Romero. Planeta.

Artículo de Ana Romero:

sábado, 14 de enero de 2017

Mándanos tu foto (7)



Un paseo casual por el Madrid de los Austrias, cerca de Ópera (Plaza de Isabel II), me llevó a la calle Arrieta, desconocida para mí hasta ese momento.
Es una calle corta en la que se rinde homenaje a dos mujeres: Josefina Romo y Carmen Bravo Villasante.

Ensayista y autora de poemarios como "La peregrinación inmóvil" (1934), "Cántico a María Sola" (1954) e "Isla sin tierra" (1955), Josefina Romo Arregui (1913-1979) fue profesora en la Complutense, alternando como becaria en el CSIC por las tardes. En los cincuenta se trasladaría para dar clases en la Universidad de N. York y, posteriormente, en la de Connecticut.
Fundó la revista de poesía "Alma", y fue vicepresidenta del Ateneo Puertorriqueño de N. York.
Alfonso Sastre, Paso y Lázaro Carreter fueron alumnos suyos.




Carmen Bravo-Villasante (1918-1994) fue pionera en el estudio de la literatura infantil.
Su madre era socia nada menos que del Lyceum Club fundado por María de Maeztu, por donde desfilaban autoras del 27 como Zenobia Camprubí y María Lejárraga.
Su tesis para el Doctorado de Filosofía y Letras fue sobre "La mujer vestida de hombre en el teatro español del Siglo de Oro", publicada posteriormente en la Revista de Occidente y considerado un clásico del teatro de la época.
En 1969 apareció su "Biografía y literatura", buceando en la intimidad de escritoras como Emily Dickinson, Edith Warton y Edith Sitwell.
Mucho se han elogiado sus traducciones de autores alemanes como Goethe y Heine.
Donó su impresionante biblioteca de literatura infantil y juvenil a la Biblioteca de Castilla-La Mancha, en el campus de Cuenca.


¿Has visto una foto en tu barrio, en una tienda, en el autobús, en la calle,... que te ha llamado la atención, te ha indignado, te ha fascinado, te ha hecho sonreir? ¿Y además sobre la mujer, sobre nosotras?
¡Pues envíanos la foto! ¡La publicaremos! 
Adjunta si quieres la fecha, el lugar donde la viste, o por qué ha captado tu atención:
lunavioletayplata@gmail.com

viernes, 30 de diciembre de 2016

Diario de una hipo-pótama (5). Navidades, tiroideas y máquinas de coser.


Navidades.
Fiestas. Familia.
Pues sí.
Familia.

No preguntéis: acabé durmiendo la Nochebuena con mi madre.
Como lo leéis. 

Son cosa de la intendencia de las fiestas, el mal menor: había que elegir entre montar un lío de camas y sofás para que cupiésemos todos, mover a mi padre de su cuarto, que casi se nos pierde para ir al baño que lo tiene enfrente… o sacrificarme yo, cual Helena de Troya.
Preferí Troya, claro. 

Omito detalles. Sólo diré que, cuando alcancé la cama, mi madre dormía como un afilador que duerme pero bien.
Con los cascos puestos. Con la radio a toda pastilla.
Hice malabarismos para no despertarla, que dice que duerme mal. Agarraba el aparatito de marras como si fuese la llave que abre el Banco de España. Al final, acerté (con máximo sigilo) a desconectar los cascos e incluso a dar con el off del bicho.

Y todo fue bien. Hasta las 6 de la mañana.
La gata decidió que ya era hora de confiar en mí e intimar, y colocó sus kilillos en mi espalda, que se ve que estaba calentita.
Mi madre no se movió, pero habló: 
-¿Estás despierta, hija?
-No.

Estrella de Navidad de Lola Derek



-He dormido fatal –me dijo tras oírme trastear con unas estupendas galletas María.
En nada, ya estaba en forma, repitiendo por enésima vez historias familiares. La dureza de la vida en el campo, la falta de medios. Marchar a Madrid, donde conoció a mi padre...

Pero en medio de los lugares comunes, más de 50 años después de mi nacimiento, conocí otro dato de la boda de mis padres: una máquina de coser.
Sí, la dote, unos miles de pesetas que hoy no alcanzaría para el fin de semana de muchos, se completó con una máquina de coser. Esa máquina de coser que he visto desde pequeña. Esa máquina que soy incapaz de poner en marcha sola, y más vale que me espabile, porque mi madre está más cerca de los 90 que de los 80.

Mi madre, mujer inteligentísima que debió haber estudiado.
Pregunté tímidamente si con el dinero de la máquina de coser (y la dote) no habría podido estudiar.
Tardó en responder. –Mi tío [y aquí siempre cita a un hombre que fue una institución en la familia] quería llevarme con él a Barcelona, pero…

Luego pasó cortar el queso, preparar la mesa, vigilar el horno, los niños… la Navidad.
-¿Lo tuyo no es cáncer, no? No me lo estarás ocultando…
De vez en cuando saca el tema, para asegurarse.

Y yo vueeelvo a decirle que no, aunque sé que me entendió perfectamente el primer día que le expliqué mi hipertiroidismo; a pesar de los 15 milicuries de Yodo 131; a pesar de que lo ha mirado todo-todo en su enciclopedia.

Aunque le diga que ¡por fin!, después de 15 meses, la TSH, la T3 y la T4 se han puesto de acuerdo y han firmado un pacto, sí: las tres, por primera vez, están en límites normales. Veremos en cinco meses...

El año termina; es sólo una ilusión de tiempo.
La vida continúa.

Seamos optimistas.
No preguntéis.

Incluso, tal vez, no luchéis.


Estrella de Navidad del blog "Guía de Manualidades"


Me pareció divertido titular estas entradas así, "Diario de una hipo-pótama", creyendo
que hipopótamo venía del griego hypo (debajo) y potamos (río).
Algo así como debajo del agua, que es como nos sentimos las mujeres
muchas veces (en temas de salud, p.ej.)
Pero no: viene de hippos (caballo).
O sea, que me siento como un caballo de río.

domingo, 11 de diciembre de 2016

Ella dice, nosotras decimos: "La máquina de abrazar". Asun Blanco Cobelo.




Me dan miedo los humanos… pero necesito sentir.

Sentir un abrazo. Sentir que algo me envuelve, me resguarda, me protege. Como cuando era niña y rodaba sin freno por aquella suave pendiente de hierba. Girar y girar con la caricia de la tierra sobre mi cuerpo.

Me dan miedo los humanos, pero necesito sentir.

Os sonará raro. Pero nací así. Extraña. Diferente. Y sé lo que siento aunque ni yo misma sea capaz de comprenderlo. No estoy loca, no soy tonta. Sólo quizá, desafortunada por no ser como los demás. Como los demás. Y pagar por ello el alto precio de pertenecer a una minoría.

Ya no me importa. Viajo sola.

Terminé la carrera de físicas para ser capaz de entender porque mis pies se sujetan solos al suelo. Para entender por qué no puedo volar. Eso me intrigaba. Ahora sé, que quizá, no tenga importancia saberlo.

Me construí una máquina. Para eso sí me sirvieron los estudios. Una máquina de abrazar. Me hace sentir bien. Me arropa y el miedo desaparece. Tampoco tengo explicación para ello.

Y vosotros, decidme, vosotros que vivís cómodos dentro de lo que sois porque sois como la mayoría ¿entendéis todo lo que sentís?, ¿sabéis explicaros vuestras sonrisas, vuestros miedos, vuestras dudas, vuestras lágrimas…?, ¿cuál es el cuento que os contaron para no sentiros raros?

Me dan miedo los humanos. Sus palabras llenas de razones me confunden pero es el ruido de sus voces lo que me asusta. Me construí una máquina.

Mi madre lee en el periódico que una chica transexual ha sido asesinada. Porque sí. Porque también era de una minoría, como yo, y sentía sin sabérselo explicar, y a los que se lo saben explicar todo les pareció mal.

Le hubiera regalado mi máquina de abrazar. Pero es tarde.



Temple Grandin, mujer, universitaria, autista. Se construyó una máquina de dar abrazos. El resto ha sido invención mía.

Es muy difícil vivir perteneciendo a una minoría. A cualquier minoría. Porque la mayoría otorga una sensación de falso poder: Somos muchos y por lo tanto tenemos razón. Somos muchos y por lo tanto tenemos fuerza. Los que no son como nosotros quedan fuera.

Como nosotros, pero… ¿quién dicta ese como nosotros?, ¿quién puede elegir dónde le adscriben?, ¿quién puede escoger cómo siente?


A veces, a mí también me dan miedo los humanos.



© Asun Blanco Cobelo
Twitter: @abcobelo

domingo, 27 de noviembre de 2016

Rosa, rosae. Carole Feuerman: "Pintando con fuego".

Carole Feuerman: "Madonnna" (parte posterior), 2002.





Recomiendo vivamente este video de la artista:"Painting with Fire". 
Salvo los familiarizados con Bellas Artes, nunca adivinaríamos semejante trabajo con elementos como el fuego, el aire, el metal... 



http://www.carolefeuerman.com/



sábado, 19 de noviembre de 2016

Simón Weil, la fuerte vulnerabilidad. Francisca García Algarra.


“Esa vulnerabilidad de las cosas valiosas es hermosa porque la vulnerabilidad es una marca de existencia”. Simón Weil.

Albert Camus dijo de ella:
“Desde Marx (…) el pensamiento político y social no había producido en Occidente nada más penetrante ni profético”.
La figura de Simone Weil emerge de su filosofía tanto como desde su activismo social, sindical y político, pero, sobre todo, de su concepción plenamente coherente entre su vida y su pensamiento.
Se alistó en las Brigadas Internacionales durante la guerra civil española, fue voluntaria y combatiente anarquista en el frente de Aragón bajo las órdenes de Durruti.
Más idealista que pragmática, se sintió profundamente decepcionada al comprobar que también en su bando se cometían barbaridades.
Su carácter era firme y a la vez contradictorio, siempre en busca de la Verdad como pensadora y comprometida con la acción en su vertiente revolucionaria.
Le obsesionaba la desigualdad social, el sufrimiento de los demás antes que el suyo propio.

Trascendió íntimamente su condición de mujer desde su complejo universo filosófico, ontológico y político, preocupada por la libertad y la dominación de clase, así como sensible con el dolor y la belleza.
Su teodicea y misticismo la condujeron a vivencias “sobrenaturales”.


Pensaba de y desde la acción, su actitud no fue meramente contemplativa.
Su vida breve transcurrió en sociedades patriarcales, las mismas que existen hasta ahora mismo, y en esos ámbitos las mujeres filósofas eran ninguneadas y descalificadas.
Aún hoy parece que la brillante capacidad intelectual y el mundo del pensamiento es cosa de hombres; sin embargo, sensibilidad y pensamiento han de ir unidos para alcanzar lo sublime.
Weil dejó una obra abundante que Camus publicó en su mayor parte, quizá de otra manera no hubiese llegado hasta nosotros, pues en su tiempo no despertaba gran interés.


La filosofía weiliana va más allá del heroísmo y el sacrificio, mucho más allá de su fuerte apariencia de fragilidad.
Caminó profusos mapas espirituales y mentales, dejando la huella de la genialidad de un ser tocado por lo profundo fértil.

Murió a los 34 años, en plena consonancia con sus ideas hasta el final.
Enferma de tuberculosis, no quiso ser tratada con medicamentos que no estuvieran al alcance de los más desfavorecidos.

Murió o se dejó morir, tras una intensa y corta vida donde la ubicuidad de su idealismo la acompañó hasta su último instante vulnerable.


Enlace al artículo de Francisca García Algarra publicado en "Diario 16" con fecha 16/11/2016:
"Simon Weil, la fuerte vulnerabilidad"
© Francisca García Algarra